Seguro que alguna vez has probado un café especialmente intenso y has pensado: «Este tiene que tener muchísima cafeína». Parece lógico asociar un sabor más fuerte con un café más cargado, pero lo cierto es que la intensidad que percibimos en la taza no nos dice directamente cuánta cafeína contiene.
El sabor y la cantidad de cafeína están relacionados con diferentes factores, así que un café intenso, amargo o con mucho cuerpo no tiene por qué ser necesariamente el que más cafeína tenga.
Intensidad y cafeína no son lo mismo
Cuando hablamos de que un café sabe «fuerte», normalmente nos referimos a las sensaciones que percibimos al beberlo: su cuerpo, amargor, aroma, acidez o la intensidad de su sabor.
En estas características influyen aspectos como el tipo de grano, el grado de tueste, la molienda o el método de preparación. La cafeína, en cambio, es un compuesto presente de manera natural en el café y su cantidad depende de otros factores.
Por eso, dos cafés pueden tener perfiles de sabor completamente diferentes y, sin embargo, contener cantidades de cafeína que no se corresponden con esa percepción de intensidad.
Arábica y robusta: aquí sí encontramos diferencias
El tipo de café sí es importante cuando hablamos de cafeína. Las dos especies más conocidas, arábica y robusta, presentan diferencias tanto en su perfil de sabor como en su composición.
El café robusta contiene, por lo general, más cafeína que el arábica. Además, suele presentar sabores más intensos, amargos y con mayor cuerpo. El arábica, por su parte, acostumbra a ofrecer perfiles más aromáticos, suaves y complejos.
Pero esto no significa que podamos calcular la cafeína simplemente probando el café. Hay muchos otros factores que intervienen en el resultado final de la taza.
¿El tueste más oscuro tiene más cafeína?
Aquí encontramos otro de los mitos habituales del mundo del café. Un café con un tueste oscuro puede parecernos más intenso o amargo, pero ese sabor más marcado no significa automáticamente que contenga más cafeína.
El tueste transforma profundamente el grano y modifica sus aromas, sabores y estructura. Por eso influye mucho en nuestra percepción de la intensidad, pero no debemos utilizar el color del café o su nivel de amargor como una medida directa de su contenido en cafeína.
El método de preparación también importa
La forma en la que preparamos el café también influye en la cantidad de cafeína que termina llegando a nuestra taza. Entran en juego factores como la cantidad de café utilizada, el volumen de agua, el tamaño de la molienda y el tiempo de contacto entre ambos.
Por eso, tampoco podemos guiarnos únicamente por el tamaño de la bebida. Un café pequeño puede tener un sabor muy concentrado, mientras que una preparación más larga puede acabar aportando una cantidad considerable de cafeína debido a cómo se ha realizado la extracción.
Entonces, ¿podemos saber cuánta cafeína tiene un café por su sabor?
La respuesta corta es no.
Nuestro paladar puede darnos muchas pistas sobre un café: si tiene más o menos cuerpo, si predominan determinadas notas, si es más ácido, dulce o amargo… pero la cantidad de cafeína no puede determinarse simplemente por lo fuerte que nos sepa.
Así que ya sabes: un café con un sabor más fuerte no tiene por qué tener más cafeína.
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